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¡Cuerpo a tierra, una reseña técnica! Avisados quedáis todos desde la primera línea de que lo que viene a continuación es chachara técnica sobre Ruby on Rails, patrones de diseño y programación orientada a objetos.
El mensaje que Objects in Rails nos trae es algo que me parece a día de hoy de una necesidad acuciante. La mayoría de las veces no nos damos cuenta que al seguir la “Rails way” se nos ha hecho olvidar que el software que construimos precisa de abstracciones y arquitectura que han de responder al problema que necesitamos solucionar, y no al framework o tecnología puntual que usamos para resolverlo. El hecho de estar usando un framework como Ruby On Rails, o incluso que la web sea la forma de usar nuestro software deberían ser un detalle más de la implementación, y no el centro alrededor del cual orbite todo.
¿Cómo conseguir esto sin dejar de aprovechar la potencia que nos da un framework como Ruby on Rails? A lo largo del libro el autor nos propone varias técnicas para desligar el núcleo de nuestra aplicación de los mecanismos de Rails: introducir ActiveRecord en una fase posterior del desarrollo, aislar del framework los tests unitarios, una implementación un poco especial de los View Models (que en el texto llama Exhibits) o factorizar lógica de negocio en responsabilidades o roles al estilo DCI.
Sin embargo, personalmente yo no implementaría casi nada de lo anterior de la forma en que lo hace el autor en los ejemplos. Al principio todo es sencillo y tiene sentido, pero pronto la arquitectura se vuelve una maraña de artificios poco naturales que no terminan de compensar. Da la impresión de que los árboles no dejan ver el bosque y que se entra rápido en una dinámica de “mi código es el más limpio y más elegante” sin atender al sobrecoste en complejidad que esto conlleva.
En parte esto es por razones que el mismo autor admite al final del libro: el ejemplo de aplicación que se propone es quizá demasiado trivial para usar estas técnicas, y hay muchas soluciones propuestas que vale la pena solucionar de otra forma más sencilla. Yo personalmente habría preferido que el autor, siendo consciente de esto, hubiera reescrito algunas partes en vez de avisar al final, pero mejor que nada.
En conclusión, Objects in Rails es un buen punto de partida para ser conscientes de la necesidad de comenzar a hacer las cosas mejor (yo ya estoy dándole vueltas), pero desaconsejaría seguirlo al pie de la letra.
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Voy a confesar una cosa: siempre que voy a por uno de los primeros libros de Mundodisco lo hago un poco sin saber muy bien lo que me voy a encontrar, sobre todo cuando uno de sus protagonistas es un viejo conocido de la saga (de hecho.. el único que sale en todos los libros, Death himself!).
Y en Mort, la cuarta novela de Mundodisco, me he encontrado precisamente eso: el primer libro con Muerte como co-protagonista. Está claro que no está pulido del todo, que el final es demasiado brusco, que los mismos planteamientos se desarrollarán más y mejor en El Segador o Soul Music. Pero lo que no se puede negar es que brilla como sólo Sir Pratchett hace brillar a una novela, y que detrás del chascarrillo y el diálogo absurdo nos habla de lo que es aprender a vivir y saber que un día nos toca irnos y cerrar la puerta con llave.
Tirón de orejas ineludible a la traducción española, que trasviste a Muerte y alguna animalada más, pero que más o menos se perdona por ser uno de los primeros Mundodiscos y porque llegado un momento el libro se disfruta y la traducción, la verdad, ya nos da lo mismo.
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Como dicen que quien avisa no es traidor, lo primero que hago es advertir: Philip K. Dick es mi escritor favorito, así que es dificil que a estas alturas una reseña mía de un libro suyo vaya a ser negativa.
Pero sí aún os queda algun resquicio de confianza en mí, créedme cuando digo que Los clanes de la luna Alfana es una pequeña joya. No estamos ante una de las novelas mayores de Dick, pero en ella la esencia “Dickiana” burbujea sin parar (como aquél café haciéndose, guiño guiño).
Tras el clásico atrezzo de cohetes espaciales, pistolas de rayos, espías de la CIA, suplantadores robóticos y alienígenas telépatas, Dick nos desmigaja los recovecos de la psique humana, y más en concreto de la psique trastornada (pero es que en realidad.. ¿hay otra?).
En la luna alfana de dick los antiguos internados de un hospital psiquiátrico se han independizado desde hace décadas y componen una sociedad hasta cierto punto funcional dividida en varios clanes según su trastorno. Pero los espías de distintas facciones de la tierra, las intrigas de poder interplanetario y el ex-matrimonio entre un programador de androides espías y una psicóloga no les van a la zaga en absoluto.
Esta novela es, irónicamente, una visión muy lúcida de la locura hecha por una persona que en la última época de su vida sería conocida precisamente por estar profundamente trastornada. Pero sobre lo que realmente trata este volumen es sobre la curación, y la paz de espíritu y de mente. Dadle una oportunidad y no se hable más.
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Vale, sí, soy un forofo de la ciencia ficción y no se puede negar. Sin embargo, y aunque me gustan clásicos como Asimov o Clarke, siempre he tirado hacia la ciencia ficción “blanda”. Es decir, aquella en la que la especulación científica no es el motor principal de la novela sino un mero pretexto para poner a personajes en situaciones excepcionales y enseñarnos lo que hay en sus cabecitas.
Y sin embargo también, Stanislaw Lem es uno de mis autores favoritos de ciencia ficción, a pesar de ser un claro ejemplo de la ci-fi “dura”. Sobre Fiasco podría decirse que es el máximo exponente de la “novela Lem”. La ciencia en la novela es densa, detallada, y concreta. Sin un cierto trasfondo de formación técnica o ingeniería (como es mi caso) el texto fácilmente puede convertirse en un galimatías sobre mecánica orbital, física y electrónica.
Y por última vez, sin embargo: lo que hace único a Lem y a Fiasco es el hondo (y pesimista) conocimiento de la naturaleza humana y la habilidad de mostrarnos como en un espejo nuestra arrogancia, nuestra estrechez de miras y nuestra íntima relación con la violencia.
Prefiero no desvelar nada más de la trama y solo diré que no sé si Stanislaw Lem es el señor que sale en su entrada de la Wikipedia o bien una sociedad secreta soviética, como llegó a creer Philip K. Dick en sus momentos de mayor enajenamiento. Me da realmente igual porque sus novelas son una joya y Fiasco se encuentra sin duda entre las mejores.
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Otro de esos libros que te deja un poco partido por la mitad. Tuve el gusto de conocer el año pasado a la señorita Highsmith en otra historia, “Un juegos para los vivos”. “Extraños en un tren” es su primera obra y en ella ya están presentes sus piezas favoritas para construir laberintos psicológicos en forma de novela: culpa, mentira, duda, crimen, locura.
Crear personajes y resquebrajarlos con estas pasiones, volverles la piel del revés y enseñarnos al desnudo la naturaleza humana es especialidad de esta mujer, especialidad que cumple con maestría, eficiencia y una pizca de perversidad.
Y sin embargo, la trama se mueve lentísima, sin suspense ni sorpresa. El lector atiende a los acontecimientos sin que la historia le esconda nada sobre las acciones o las motivaciones de los personajes en juego. Todo va precipitándose poco a poco a un final que se ve venir de lejos, y así es muy dificil mantener el interés.
Así que para concluir: brilla en mucho puntos pero el conjunto no me termina de resultar. La buena noticia es que hasta donde tengo conocimiento, en adelante la autora no haría sino ir a mejor.
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Le eché el ojo hace unos meses, pero al llegar a mis manos un Kindle de Amazon no me puede resistir a adquirir este e-book.
Se trata, simple y llanamente, del diario personal de Jordan Mechner entre los años 1985 y 1993, en los que pariría (con sangre, sudor y lágrimas) uno de los grandes clásicos del mundo del videojuego: Prince of Persia.
Entonces diréis: ¿esto es el diario de un friki de esos que hacen jueguecitos delante del ordenador y ya está? Y yo contesto, como dijo aquél: Efectivamente y No.
Aquí no solo asistimos en primera línea a la creación de un videojuego mítico a la antigua usanza, donde una sola persona se encarga de programación, diseño, arte y guión (la especialización para insectos, gracias). Los diarios de Jordan Mechner son mucho más. Son un vistazo desde dentro a la incipiente industria del videojuego, a la dinámica interna de las grandes compañias editoras, al mundo de la producción cinematográfica, al no-se-que-hacer-con-mi-vida por el que pasamos y seguimos pasando muchos, y en definitiva al proceso creativo.
Además es una verdadera delicia leer a Jordan mencionar de rebote grandes hitos de finales de los 80 y principios de los 90: la aparición de la Nintendo NES, de la Game Boy, del NeXT de Steve Jobs, el estreno de Indiana Jones, el concierto de Pink Floyd en el muro de Berlín..
Lo único malo de este e-book es terminarlo y darse cuenta que a los 25 años Jordan Mechner había creado dos videojuegos de ventas muchimillonarias, escrito varios guiones y vivido en San Francisco, Nueva York, Salamanca, París y Cuba. ¿Se puede saber qué estoy haciendo yo con mi vida?
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¿Pensabáis que iba de broma lo de que uno de cada cuatro libros iba a ser de Pratchett? ¡Pues estábais equivocados!
Yo también estaba equivocado. Cuando lo empecé y pensaba que no iba a ser gran cosa, que Susan me caía mal, que esto era un refrito de Imágenes en Acción, que en Mundodisco lo de que la Muerte se busque otro trabajo ya había pasado, que lo de que los magos se comporten como adolescentes ya estaba muy visto. Me equivocaba, y mucho.
Este libro es un regalo. Para los que han puesto cuernos delante de un escenario, para los que han pasado horas y horas ensayando en un cuchitril, para los que se han puesto de pie encima de una silla y han tocado la guitarra de aire en medio del bar, para los que querían pintarse de negro la habitación y forrarla de pósters.
Este libro es verdadera Música Con Rocas Dentro.
Y ya tardáis en leerlo. Punto pelota.
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Quería comenzar la reseña de este libro con una frase hecha, y la verdad es que me quedo dudando entre “sin pena ni gloria” y “una de cal y otra de arena”.
Me explico: por una parte Mr. Zelazny demuestra ser un experto en el arte de introducir al lector en un mundo de ciencia-ficción dando los detalles con cuentagotas, dejando que el contexto envuelva poco a poco hasta revelar la naturaleza del futuro descrito. Este tipo de literatura casi invisible para mí siempre ha sido una de las tecnicas fundamentales de la buena ciencia ficción (vease William Gibson), y desde ese punto de vista esta historia es un ejemplo de manual.
Por otra parte (y ésta a mi parecer es la mala), el autor es muy aficionado a los protagonistas-supermán: semidioses sobrados que no se despeinan ni sudan demasiado bajo ninguna situación. Y además en un relato en primera persona como es éste, esto le resta aún más interés y ritmo a la trama.
Así que para concluir, ahora sí que me decido por una frase hecha: ni chicha ni limoná.
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Hasta este libro no había leído nunca ninguna biografía como tal, así que lo apropiado es que la primera sea del que desde hace mucho es mi escritor favorito: Philip K. Dick. Y la verdad, no me ha defraudado en absoluto: a pesar de que por frikismo personal ya conocía varios detalles de la vida de Dick y de su controvertida experiencia religiosa/episodio psicótico, no he podido dejar de leer hasta terminar el volumen en pocos días.
La biografía es despiadadamente justa y honesta, ya que apenas hace juicios de valor (los mínimos indispensables). Simplemente deja que los hechos hablen por sí solos al relatarnos la vida de Dick: sus obsesiones, su uso repetido de drogas y especialmente sus continuos episodios paranoicos y esquizofrénicos, que le llevaban a formular una hipótesis tras otra sobre las experiencias religiosas que creía experimentar.
A través de este relato novelado el autor consigue poner sobre la mesa las contradictorias características que hacen de Dick alguien tan especial: por un lado la calidez humana que lo convertía en imprescindible para sus amigos, y por otro sus conflictivas y muchas veces mezquinas relaciones sentimentales; ahora el laberinto mental de su constante paranoia y angustia, y de repente su enorme franqueza al saberse en todo momento enfermo, su constante lucha por volverse a conectar con la vida concreta y real.
Concluyendo: si habéis disfrutado con las novelas de Dick, este libro es una lectura muy recomendable. Eso sí, avisados quedáis: durante la biografía se destripan los finales de varias de sus novelas, pero en defensa del autor decir que estos spoilers están bastantes justificados… aunque de los libros que aparecen creo que ya había leido todos menos dos, y eso también influye.
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¿Puede construirse un estado fascista alrededor de un centro comercial? ¿Cupones de descuento en vez de carnets del partido, estrellas de televisión por cable convertidas en führers, logotipos en vez de banderas?
La última novela que escribiera Ballard es de las más representativas de su peculiar estilo, aunque quizá no abiertamente desde un principio, como en otras obras. Me recuerda mucho a otra gran historia suya, “Compañía de sueños ilimitada”: un pueblo inglés cercano a la ribera del támesis, lugareños de clase trabajadora profundamente aburridos que sueñan secretamente con la terrible libertad de la violencia y la locura.
Como también es propio de Ballard, la ambigüedad de los personajes se vuelve adictiva y conduce la trama: al protagonista le repugnan los conatos de violencia racista contra los inmigrantes, y sin embargo impulsa con campañas de publicidad al Metro-Centre y su germinal republica fascista.
Todos los personajes del pueblo esconden algo y parecen estar unas veces orquestando y otras tratando de detener los acontecimientos alrededor del centro comercial. En realidad, y al igual que el lector, no pueden resistirse a ser espectadores de la delirante espiral en la que cae la naturaleza humana tal y como la retrata Ballard.
Como bien dice uno de los comentarios de la sinopsis, Ballard no describe, sino que anticipa: y en eso estoy muy de acuerdo. Esta novela no es ciencia-ficción, ni siquiera futuro-ficción. Es presente-ficción, y lo de ficción no termino de tenerlo claro.